José
Miguel Viñas Rubio(*) Meteorólogo jmvinasrubio@antena3tv.es·
NOTA PRELIMINAR: El presente artículo es una versión reducida
del manuscrito original, publicado en el nº74 (2º Trimestre de 2001)
de la revista Gerencia de Riesgos y Seguros de la Fundación MAPFRE Estudios,
bajo el título: Los temporales de viento en la Península Ibérica.
Análisis meteorológico de la extraordinaria situación atmosférica
de febrero de 1941. 1. Introducción.- El temporal de viento
ocurrido en la Península Ibérica entre los días 15 y 16 de
febrero de 1941 ha sido, a escala sinóptica, el más violento sufrido
por nuestro país en todo el siglo XX y, con seguridad, se mantiene todavía
fresco en la memoria de las personas mayores que lo sufrieron. Su carácter
extraordinario está fuera de toda duda, como lo demuestran las rachas máximas
de viento que pudieron registrarse. Pese a la magnitud alcanzada por este temporal,
sorprende a primera vista la escasez de referencias y estudios que lo analizan,
lo que justifica la aparición del presente trabajo. Desde el punto de
vista meteorológico, en aquella época se sucedieron en Europa tres
de los inviernos más severos que se recuerdan (1939/40 a 1941/42), con
una marcada circulación del oeste y continuas invasiones de aire polar
sobre el continente, sin apenas bloqueo por parte de las altas presiones subtropicales.
Bajo una situación tan anómala, en lo que constituye uno de los
eventos climáticos más destacados del siglo pasado, se desencadenó
sobre nuestro país el terrible temporal atlántico de febrero de
1941. 2. Los temporales atlánticos.- La Península
Ibérica recibe la visita periódica de frentes y borrascas, causantes
en muchos casos de fuertes temporales de viento. A los caracteres típicamente
atlánticos, que definen muy bien la climatología de otros países
de Europa Occidental, hay que sumar, en el caso ibérico, la influencia
del Mediterráneo, lo que añade más complejidad al análisis
y comprensión de un determinado episodio. En el esquema clásico
de la Circulación General de la Atmósfera (CGA) para latitudes medias,
donde una gran onda planetaria se desplaza de oeste a este (alternancia irregular
de vaguadas y dorsales), la mayor parte de nuestra península queda casi
siempre situada al sur de donde circula la corriente en chorro o jet stream y
las perturbaciones asociadas a la misma, aunque no son pocas las ocasiones en
las que la amplitud hacia el sur de las ondulaciones abarca todo nuestro territorio.
Además se produce un balanceo estacional en el jet stream, situándose
éste a unos 50ºN en verano y entre los 35 y 40ºN en invierno,
siendo bastante más intenso en esta última estación. Lo
habitual es que entre los meses de octubre y marzo, por encima del paralelo 40,
las entradas de aire frío de origen polar (profundización de una
vaguada en altura) den lugar y/o refuercen la ciclogénesis en superficie
(borrascas), afectando estas situaciones invernales, sobre todo, al norte de nuestro
país, en especial al área del Cantábrico, sin olvidarnos
tampoco del importante efecto orográfico sobre el viento en otras zonas
más alejadas. La intensidad de los vientos registrada en Europa Occidental
guarda estrecha relación con el desplazamiento de las borrascas atlánticas
y su profundización a lo largo de su recorrido, desde la zona embrionaria
de Islandia hasta las Islas Británicas y la fachada atlántica continental,
siendo en las costas expuestas a los flujos del cuarto cuadrante (norte-oeste)
donde mayor incidencia tienen los temporales. Se puede afirmar que en cualquier
punto de la Península Ibérica el viento puede alcanzar rachas cercanas
a los 150 Km/h, no habiéndose registrado hasta ahora valores superiores
a los 200 Km/h, salvo en algunos observatorios de alta montaña. Según
nos cuenta Font Tullot, "la mayor parte de las ráfagas máximas
registradas en la España Peninsular están relacionadas con extensas
perturbaciones de escala sinóptica que han afectado a una parte considerable
de la Península o incluso a toda ella", procedentes en su mayoría
del Atlántico, añadiríamos. El citado autor distingue
entre tres tipos de temporales atlánticos. El primero de ellos sería
el del NW, cuya génesis tiene lugar al oeste de la Península, sobre
el Atlántico, cuando una invasión hacia el norte de aire tropical
forma una gran cuña cálida, reforzándose el anticiclón
de las Azores en superficie. La corriente en chorro se ondula, desplazándose
el aire polar sobre el borde oriental de esa cuña (en sentido NW-SE) y
"cayendo" de lleno sobre el territorio peninsular. Si la vaguada en
altura es muy profunda retirará hacia el sur a las altas presiones subtropicales,
dando vía libre a una borrasca o a una serie de ellas. En algunas ocasiones
son los restos de un ciclón tropical los que, en su camino de retorno hacia
el este, siguiendo la corriente del Golfo, se reactivan al cruzarse con una de
esas coladas de aire frío. Las borrascas resultantes suelen ser muy violentas,
como consecuencia de su origen tropical (a mayor contenido de humedad mayor potencial
destructivo). Aunque las zonas más expuestas a estos temporales del
NW son Galicia y toda la Cornisa Cantábrica, no siempre es aquí
donde se registran las rachas más fuertes de viento. Encontramos observatorios
en el área mediterránea en los que la incidencia es máxima.
La causa la encontramos en el efecto "embudo" sufrido por el viento
al atravesar zonas como el Valle del Ebro o algunos portillos de las sierras levantinas. Cuando
sobre la Península Ibérica se instala una circulación zonal
intensa, ésta puede verse afectada por un temporal del W, siendo en ese
caso Portugal y las dos Mesetas (abiertas al oeste) donde más se dejan
sentir sus efectos. La ruptura de esa circulación zonal en altura, con
la consiguiente ondulación del chorro (adoptando las corrientes en niveles
altos estructuras bien conocidas y catalogadas como la omega o el rombo), puede
dar lugar a un temporal del SW. En superficie, el sector cálido de una
profunda borrasca "ataca" toda la vertiente atlántica peninsular,
con vientos fuertes del suroeste y precipitaciones abundantes (son estos vientos
"llovedores" los conocidos como ábregos en tierras castellanas).
En casos excepcionales, como ocurrió en febrero de 1941, la trayectoria
de la borrasca llega a penetrar sobre tierra firme, siendo en estas ocasiones
cuando se desencadenan los temporales más violentos, barriendo prácticamente
toda la Península. Bajo un temporal del SW la orografía, de nuevo,
juega un papel decisivo, en este caso la Cordillera Cantábrica, donde los
vientos de componente sur se intensifican, volviéndose secos y turbulentos
al llegar a la costa norte y reforzándose, además, la ciclogénesis
a sotavento del sistema montañoso. Los episodios de viento sur en el Cantábrico
(sobre todo en el Oriental), con rachas muy elevadas, son bastante frecuentes
y más intensos durante el invierno. 3. La situación atmosférica
de los días 15 y 16 de febrero de 1941.- La escasez y dispersión
de datos es el principal problema con el que nos encontramos al intentar analizar
en detalle lo ocurrido hace 60 años, aunque nuestro conocimiento actual
de los patrones de la CGA en el Atlántico Norte permita, de alguna forma,
"justificar" la aparición de aquel excepcional temporal en aquellos
años y no en otros. En concreto 1940 y 1941 destacan por lo negativo
de su Indice NAO (valor numérico que nos da idea del tipo de circulación
atmosférica dominante en el Atlántico Norte para un determinado
período), lo que concuerda con la severidad de aquellos inviernos, tal
y como se comentaba en la Introducción. Un brusco descenso de las temperaturas
en las Azores, detectado el viernes 14 de febrero de 1941 por los meteorólogos
del antiguo Servicio Meteorológico Nacional (SMN), comienza a arrojar pistas
sobre lo que iba a acontecer en la Península. En el mapa sinóptico
de las 18h de ese día 14 ya se identifica una depresión ordinaria
de 990 hPa en las cercanías del archipiélago portugués. Será
a partir de este momento y durante las siguientes 36 horas cuando la borrasca,
en su desplazamiento hacia el noroeste de la Península, atravesándolo,
se vaya profundizando, registrándose presiones inferiores a los 960 hPa
en la costa cantábrica durante la madrugada del 16 de febrero. Los mapas
de la FIGURA
nos muestran de izquierda a derecha y de arriba abajo esa evolución atmosférica,
responsable del terrible temporal de los días 15 y 16 de febrero de 1941. Aunque
en aquella época todavía no se trazaban diariamente mapas de altura
(habría que esperar hasta el final de la II Guerra Mundial para que quedara
establecida una red internacional de radiosondeos), a partir del mapa 1, de análisis
en superficie, puede deducirse la presencia en altura de una situación
en rombo, en la que los dos centros de baja presión marcarían la
diagonal mayor (en la dirección N-S) de dicha figura
geométrica. La corriente zonal del oeste se bifurcaría en dos ramas,
una ascendente, rodeando "por encima" la borrasca superior, y otra descendente
envolviendo a la inferior. Ambas ramas se volverían a unir, más
al este, sobre el continente europeo. Este tipo de situaciones son siempre
precursoras de intensos temporales en la Península Ibérica, ya que
el aire polar se abre paso hacia el sur, desplazando de su posición habitual
a las altas presiones. El mal tiempo comenzaba a extenderse por el oeste peninsular,
registrándose fuertes caídas de presión (tendencias barométricas
muy negativas), un claro indicador de la rapidez con la que se acercaba la borrasca
atlántica, cada vez más profunda (965 hPa en su centro cuando a
media tarde del día 15 se situaba frente a la costa norte portuguesa).
El gradiente bárico en esos momentos era muy grande en el oeste de la Península,
provocando una convergencia de vientos (de componente sur) muy marcada hacia la
borrasca. La entrada brusca de un frente frío muy activo desencadenó,
a partir de ese momento, los mayores efectos destructores, registrándose
las mayores rachas de viento. La situación atmosférica a las
18 h de aquel sábado 15 de febrero es la que aparece reflejada en el mapa
2 de la FIGURA,
con la borrasca bastante cerca de las costas gallegas, a punto de entrar por Finisterre.
A la vista de ese mapa, la presión en el centro de la borrasca rondaba
entonces los 960 hPa. En el momento de cruzar Galicia y en su recorrido por
tierra hasta volver al mar por la costa asturiana, el mínimo de presión
debió de situarse muy cerca de los 950 hPa. El mapa 3 de la FIGURA,
correspondiente a las 0 h del domingo 16, la sitúa ya sobre el Cantábrico,
marcando la menor isobara cerrada una presión de 960 hPa. La trayectoria
que siguió a partir de ese momento la llevaría hasta el Finisterre
francés, en la Bretaña, a las 7 h. En ese mapa destacan un par
de hechos extraordinarios. Por un lado, la presencia de esa borrasca tan profunda
en latitudes tan bajas (entre los 42 y los 44ºN) y, por otro, la gran extensión
que ocupa la perturbación, sintiéndose sus efectos en lugares tan
distantes como las Canarias e Islandia. Es bastante significativo el calificativo
de "huracán" que usó el meteorólogo Lorente en
referencia a ella. A lo largo del domingo la borrasca, en su desplazamiento
hacia el norte, fue perdiendo algo de fuerza, situándose a las 0 h del
lunes 17 (mapa 4 de la FIGURA)
al sur de las Islas Británicas, frente a Gales, con una presión
de 972 hPa en su centro. En la Península Ibérica el temporal iba
remitiendo y llegaba la hora de hacer balance. Durante la tarde-noche del sábado
15 y primeras horas de la madrugada del domingo 16 es cuando quedan registradas
las rachas máximas de viento en los diferentes observatorios, existiendo
algunas discrepancias en los valores, dependiendo de cual sea la fuente consultada.
Cronológicamente, la primera gran racha es la de Almería (140
Km/h según Capel Molina y 126 Km/h según Lorente), a las 20:30 h
del sábado, en un observatorio bastante alejado del centro de la borrasca,
lo que da idea de su magnitud. La dirección SW encaja perfectamente con
la situación descrita (mapa 2 de la FIGURA).
En Logroño se midieron, un cuarto de hora más tarde, 112 Km/h
según Lorente (102 Km/h según otras fuentes consultadas), soplando
el viento del S-SE. A las 21:40 h se alcanzaba en el Observatorio de León
una racha máxima del SSW de 119 Km/h (Lorente), encontrándonos de
nuevo con lo que cabría esperar, justo cuando la borrasca cruzaba sobre
tierras gallegas y los vientos del tercer cuadrante eran más fuertes en
el área de León. Las direcciones de los vientos en Galicia fueron
muy cambiantes, soplando muy fuertes los del W y SW al paso de la borrasca. En
A Coruña llegaron a medirse vientos de 60 nudos (aproximadamente 110 Km/h)
a las 0 h del domingo 16, sin que hayan podido localizarse, durante la investigación,
registros de rachas mayores. Nos cuenta el meteorólogo Mateo que tanto
en A Coruña como en Santander el mínimo de presión quedó
registrado en los barogramas "hacia las 21 horas [del sábado 15]",
anotándose como incidencia en el de Santander que "la plumilla se
salió de la banda", lo que da idea de la brusquedad con la que en
pocas horas osciló la presión atmosférica, bajando hasta
los 950 hPa como comentábamos. Las rachas de viento adquirieron además
especial violencia en la capital cántabra, avivando un pavoroso incendio
que destruyó gran parte de la ciudad. El parte meteorológico
de Santander asignó en la medianoche fuerza 12 (el mayor grado en la escala
Beaufort) al viento sur; lo que, con los rangos de velocidades utilizados en aquella
época, equivale a decir que soplaba a esa hora a más de 104 Km/h.
¿Cuánto más?, ¿Cuál fue la racha máxima
alcanzada aquella madrugada en Santander?. Por desgracia el propio viento se encargó
de destruir los anemómetros del Observatorio, aunque no parece demasiado
aventurado hablar de una supuesta racha de más de 200 Km/h, lo que representaría
la mayor intensidad de viento jamás registrada en un observatorio español
no de alta montaña. Lo que parece seguro es que el viento superó
en algún momento los 180 Km/h. Si pensamos en la trayectoria seguida
por la borrasca caeremos en la cuenta de que su centro no atravesó Santander
(abandonó la Península por Asturias), sin embargo la presión
ahí alcanzó un mínimo de 950 hPa. Esto sólo podríamos
entenderlo mediante un análisis más fino, a mesoescala, para el
que no contamos con datos suficientes. Los fuertes vientos del sur y sureste que
convergían hacia el centro de la borrasca se vieron reforzados al atravesar
la Cordillera Cantábrica, soplando una fortísima "surada"
en la costa cántabra y el País Vasco. La ciclogénesis a sotavento
se reforzó sobre todo en el litoral de Cantabria, ya que en esta comunidad
los relieves interiores (La Montaña) son de mucha mayor entidad que los
Montes Vascos. Como consecuencia de ese reforzamiento debió de formarse
sobre el área de Santander un vórtice mesoescalar de gran poder
destructivo. El viento sur azotó también con gran violencia el
País Vasco aquella madrugada, en especial la costa guipuzcoana, a la vista
de la racha alcanzada en San Sebastián (Igueldo) a las 23 h del sábado
15. Mientras que Lorente nos facilita el dato de 180 Km/h, al consultar el Resumen
de Observaciones Meteorológicas de 1941 (publicación del antiguo
Ministerio del Aire) aparece una de 196,8 Km/h, lo que representaría un
récord absoluto en nuestro país (olvidándonos de los observatorios
de alta montaña). Durante el temporal también se superaron los
100 Km/h, la madrugada del 16, en Vitoria (103 Km/h) y en el centro de la Meseta
Norte, con una racha de 113 Km/h del W en Valladolid, amén de otros muchos
lugares de la Península (podemos hablar de toda ella) en los que la incidencia
del viento, sin llegar a esos extremos, fue muy destacada. 4. Episodios
más recientes.- Tras el análisis meteorológico del
histórico temporal del 41, podemos hacernos ahora las siguientes preguntas:
¿Volveremos a sufrir en la Península Ibérica el azote de
una borrasca semejante?, ¿Cuándo podemos esperar que eso ocurra?,
¿Se han vivido desde entonces, en los últimos 60 años, situaciones
parecidas?. La respuesta a esta última cuestión es afirmativa,
pues son muchas las borrascas que, incluso en una sola temporada, se acercan a
Galicia en su recorrido por el Atlántico, dando lugar a los típicos
temporales del SW. Lo excepcional en el 41 fue la profundidad que llegó
a alcanzar aquella perturbación y el hecho de "tocar tierra",
circunstancias éstas que, de manera conjunta, no han vuelto a repetirse. Cierto
es que algunos temporales más recientes sí que nos han dejado rachas
de viento comparables, incluso superiores en algunos observatorios, aunque ninguno
de ellos ha extendido su poder destructivo a un área tan extensa. Para
poder responder a las dos primeras preguntas nos serviremos de los resultados
de un riguroso estudio llevado a cabo por Domingo Rasilla, quien, tomando como
base de datos las rachas máximas de viento sur en el aeropuerto de Parayas
(Santander) durante el periodo 1981-1992, estimó la velocidad máxima
probable en diferentes períodos de retorno. Mientras que cada 15 años
podemos esperar al menos una racha de 150 Km/h en Santander, este período
se amplía a 50 años para poder medir hasta 170 Km/h y todo un siglo
(100 años) para "cazar" una racha de más de 185 Km/h.
El citado autor, mediante un ajuste estadístico, pudo constatar la posibilidad
de que durante el temporal del 41 se alcanzasen rachas cercanas a los 180 Km/h,
lo que nos llevaría hasta el año 2040 como tope, antes de que "estadísticamente"
un nuevo temporal de viento incidiera en ese observatorio de manera similar a
como ocurrió en febrero de 1941. Desde aquellos años de la Postguerra
hasta la actualidad han sido muchos los temporales atlánticos que han azotado
con dureza, sobre todo, el norte de la Península Ibérica. Tres de
ellos han sido especialmente relevantes: El temporal de Diciembre de 1978, con
la máxima incidencia el día 11 del citado mes, el paso del ex-ciclón
tropical Hortensia, a principios de octubre de 1984 y, más recientemente,
la violenta borrasca Martin que, apenas 24 horas después del paso de su
"hermana" Lothar, cruzó el Cantábrico a finales de 1999. El
primero de los temporales guarda cierta similitud con el de 1941, dando origen
a una racha extraordinaria del S de 190 Km/h en el Observatorio de Oviedo. Estaríamos
bajo una situación muy marcada del SW, con una profunda vaguada en altura
que "invadió" la totalidad de la Península Ibérica.
En superficie, una borrasca de 960 hPa, situada al noroeste de Galicia, enviaba
un poderoso frente. Los vientos del tercer cuadrante (sur-oeste) alcanzaron
de madrugada su máxima intensidad en Asturias, donde, al igual que ocurría
en Santander en el 41, la extrema violencia de los mismos invita a pensar en la
formación de una "mesobaja" a sotavento de la Cordillera Cantábrica.
Las rachas de viento también fueron muy violentas en todo el litoral gallego
(152 Km/h en Marín y 155 Km/h en Monteventoso, a la entrada de la Ría
de El Ferrol). En el caso del Hortensia las circunstancias fueron algo diferentes,
aunque el resultado final fue también un fuerte temporal de viento que
afectó principalmente a Galicia y Asturias, entre los días 3 y 4
de octubre de 1984. Los restos del huracán, convertidos en una borrasca
extratropical, se vieron interceptados en su recorrido sobre el océano
por un flujo muy marcado del NW en altura dirigido hacia el área cantábrica,
que, a partir de ese momento, "alimentó" de aire frío
a la perturbación, profundizándose hasta los 984 hPa a las 18 h
del día 3 y acercándose con rapidez a Galicia. Fue a lo largo
del día 4 cuando, en su recorrido por el Cantábrico, los vientos
alcanzaron las mayores rachas (158 Km/h en Monteventoso, 156 Km/h en Oviedo y
144 Km/h en San Sebastián), bajando la presión en el centro de la
borrasca hasta los 979 hPa a las 18 h, al situarse ésta en el Golfo de
Vizcaya, frente a las costas francesas. El tercero de los violentos temporales
considerados se inicia con el paso de Lothar, entre los días 25 y 26 de
diciembre de 1999, con vientos ya fue muy destacados en nuestro litoral cantábrico,
siendo Francia el país que más sufrió esta primera embestida.
La corriente en chorro era muy marcada del oeste sobre el Cantábrico. Tan
intenso corredor de vientos dio vía libre a Martin, que, con una velocidad
de desplazamiento extraordinaria, el día 27 a las 12 h se situaba ya sobre
el Finisterre francés, con una presión en su centro de 984 hPa.
Cuatro horas más tarde la borrasca alcanzaba su máxima profundidad
(972 hPa) sobre París. Enviaba un frente frío casi paralelo a la
costa cantábrica, donde los vientos soplaban huracanados. Tanto en el
episodio de 1984 como en éste de finales de 1999, las mayores rachas (superiores
a los 150 Km/h) se registraron en las zonas costeras más expuestas, como
son los promontorios que se adentran en el mar. No es casualidad que los únicos
tres registros que superaron los 170 Km/h al paso de Martin fueran los de Estaca
de Bares (179 Km/h), Cabo Mayor y Cabo Machichaco (ambos con 172 Km/h). Además,
superado el obstáculo montañoso de la Cordillera Cantábrica,
esos vientos del W y NW se ven reforzados en su desplazamiento hacia el área
mediterránea (racha de 124 Km/h alcanzada en Valencia el 4 de octubre de
1984). |